domingo, 26 de abril de 2009

Capítulo 9 ¡¡Esto es Esparta!!









Nara
Pyros








Kertch y Pyros acababan de salir del agua y se disponían a seguir su persecución por tierra, cuando, una potente y ronca voz, los sacó del trance en el que estaban sumidos.


-¿Esparta?, ¿qué hago aquí?, lo último que recuerdo era el edificio del Mizukage y una necesidad de matar a alguien...




Pyros miró a su porro y asintió con una sonrisa de oreja a oreja.



-Veo que eres de los buenos.




Entonces Pyros volvió a mirar a la persona que le había hablado, achinó un poco los ojos y, al fin, la pudo reconocer, era Kratos, un antiguo compañero suyo de aventuras, con el que había pasado un largo y feliz período de su vida. Pyros se dejó de tonterías y se fue corriendo hacia él con los brazos abiertos, dispuestos para dar un fuerte abrazo.


-¡¡¡CUANTO TIEMPO COLEGA!!!, ¿qué?, ¿cómo van por aquí las cosas?, ¿sigues tirando persas al pozo?




Dijo mientras le soltaba un momento y le miraba con una sonrisa.




-Bueno... tu sabes... ciertas costumbres son como la droga, una vez qu...






Pyros le interrumpió con una fuerte carcajada.


-Ajajaajaa... No digas más te entiendo perfectamente compadre.




Los dos se disponían a seguri charlando cuando, un ruido de agua siendo removida, les captó la atención.






-¡Ey!, que pasa colegas, chocad esos cincos, y gracias por salvarme el culito.








El pingüino que instantes antes estaba siendo acosado por las orcas salió del agua y chocó las manos a los dos hermanos, ante el asombra de Kratos.



-Humm... veo que no hace falta que os presente a mi mascota, por lo que e visto ya le conocéis.






El pingüino miró a su dueño y mientras agitaba sus aletas le dijo.



-Estos dos son colegas de toda la vida, los salvé en una ocasión hace mucho tiempo y ahora me han devuelto el favor.







El pingüino chocó una aleta contra el lado izquierdo de su pecho y luego les señaló.


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<------ Aclaración: El pingüino llevaba días vacilando a las orcas, como se ve en este video.

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-
Espero que no os haya causado muchas molestias, en ocasiones puede resultar grosero, molesto, cansino, inútil, pesado, estúpido...






Los ojos del pingüino se inyectaron en sangre, a la vez que empezaba a agitarse y a dar saltos, lleno de furía.





-¡¡Ohohooo!!, no me toques las pelotillas Kratos o te convertiré en mi putita.









-Has de admitir que siempre has sido especial, por eso te escogí como mascota aquel día.






Kratos cerró los ojos y a su mente se le vinieron los recuerdos de aquel lejano día.


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<------ Aclaración: Estos son los recuerdo de Kratos.
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-Pero dejémonos de chorradas, que nos vamos a perder el espectáculo que va a ofrecer mi buen amigo Leónidas, promete ser muy sangriento.






Dijo mientras ponía cara de ansioso y movía la cabeza adelante y atrás.
La cara de Pyros se le iluminó, no era la primera vez que asistía a un evento así.



-¿Podré fumarme los restos?




Kratos asintió con la cabeza.



-Como en los viejos tiempos.





Pyros dió un salto de alegría y se puso a seguir a Kratos, Kertch curioso por como acabaría todo esto les siguió también.


-Pasaremos primero por la posada, sería de persa el no daros un sitio donde pasar la noche, y recordad, si queréis alguna espartana solo tenéis que cogerla.
-Dijo mientras le guiñaba un ojo a los dos hermanos y les daba un codazo.




Mientras caminaban rumbo a la ciudad de Esparta, Pyros le fue contando como habían empezado el Yonko y él una carrera para ver quién se fumaba antes al Mizukage y como esta había terminado.


-
¡AJAJAAAJAA!, eso me recuerda la vez que Hermes me retó a una carrera... ajajaajaa... le arranqué las piernas y gané la carrera andando ajajajaaajaaa...









30 minutos despues, en la posada de Esparta.


-Bueno dejar aquí vuestras y poneros ropa que no os importe manchar... ajajaaaa... es que Leónidas se flipa mucho... ya me entendéis.






sábado, 25 de abril de 2009

Capítulo 8. Gymkana hasta la torre.









Yonko








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El Yonko había dejado a Pyros babeando sobre su mochila y llegado a la entrada principal de la torre.

Después de fumarse a los guardias fácilmente, había llegado a una hermosa sala con escaleras que subían a la planta de arriba y varias habitaciones secundarias.
En la entrada principal había encontrado uno de los porros estéticamente más hermosos que hubiera visto en su vida. Parecía haber sido preparado con cuidado y mimo durante años para que fuera perfecto.

Evidentemente, Kertch se avalanzó sobre el peta en un segundo y le prendió fuego a la punta... Sin obtener ningún resultado. Lo intentó por cientos de medios, pero era imposible prenderle fuego.
Chillando y maldiciendo al que hubiera creado aquella maldita tentación, y al que la hubiera colocado en la entrada de la torre, el Yonko vio llegar a Pyros, con una venda en los ojos.

Pensando que aquella era una buena manera, se disponía a cortar algo de tela para ponerse una venda cuando se giró y vio que Pyros estaba a su lado olisqueando como un perro y tratando de prenderle fuego al porro igualmente.


-¡¡Pero serás gilipollas!! ¿Desde cuando importa si podemos ver un buen porranco? ¿Acaso no es igualmente importante el olfato de un buen porreta?






-Oh... Mierda. En eso no había caído, mira tú.







Después de un rato larguísimo en el que los dos se metieron de leches para conseguir fumar el porro infumable, entre los golpes acabaron rompiéndolo.

Ambos miraron hacia abajo entre lágrimas, como si estuvieran en un funeral, y le dedicaron un minuto de silencio a aquella maravilla inalcanzable.
Cuando se repusieron, se miraron un segundo, y exactamente al mismo tiempo corrieron hacia la escalera, dándose empujones y guantazos para llegar los primeros a la habitación de arriba.

Sin embargo... Antes de llegar a la mitad de las escaleras, vieron a una figura infantil bajándolas, que les era bien conocida.


(silvando y dando palmadas alegremente)
-Lalala... Qué rico estaba... Menos mal que me apresaron y me trajeron directamente aquí a ser juzgado... Es el primer Kage que pruebo, y debo reconocer que ha sido maravi...




Se quedó mudo de golpe, al encontrarse con Pyros y el Yonko, que estaban clavados en medio de los escalones, mirándole con una ira asesina en la mirada como nunca antes había visto el pobre genin. Sus ojos se pusieron verdes un segundo, mientras el Chinakugan le proporcionaba por primera vez una visión de su propio futuro como no saliera por patas inmediatamente.


-OH... MIERDA... OH... DIOS MÍO...






El chico saltó la barandilla, rodeándo a los otros dos, que se pusierona cuatro patas, como dos lobos hambrientos, y corrió con Kertch y Pyros persiguiéndolo como nunca antes en su vida.

Temiendo por su vida, Hino llegó al puerto de la Aldea y se lanzó al agua, seguido de los otros dos.
Nadaron durante horas a un ritmo frenético hacia el este, hasta que se toparon con un grupo de orcas que perseguían a un pingüino vacilón.

Hino rodeó a las orcas, con el corazón desbocado por el miedo y el esfuerzo, mientras que Pyros y Kertch se limitaron a pasar a través de ellas como dos sierras mecánicas, partiéndolas por la mitad. El pingüino se lo agradeció, pero las dos bestias furibundas y el fugitivo no le escuchaban.



-¡Ey! ¡Gracias, tronnncos... Tenéis un par de peloootas!












Tras varias horas más de nado, y cuando parecía ya que Hino iba a morir ahogado o fumado, divisaron tierra en el horizonte. Hino fue el primero en llegar, corrió con las últimas fuerzas y salió pitando hacia la ciudad más próxima a la orilla.

Kertch y Pyros, que estaban algo más calmados después del ejercicio, llegaron a la costa; y se disponían a seguir buscando al genin cuando una voz profunda les sorprendió.


-¡¡¿¿Pyros??!! ¿¿Eres tú?? ¡¡Amigo míoo!! ¡¡Bienvenido a Esparta!!

Capítulo 8 Gymkana hasta la torre









Nara
Pyros





La situación de Pyros era desesperada, cada vez que levantaba la mirada y veía su imagen reflejada en alguno de esos espejos que le rodeaban, le entraban unas terribles ganas de prenderse fuego y fumarse.

Haciendo acopio de todas sus fuerzas, Pyros cerró los ojos y empezó a correr en todas las direcciones, estrellándose contra todos los espejos e intentando romperlos, solo así conseguiría evitar fumarse.

El cuerpo de Pyros en la realidad comenzó a chocarse contra todo tipo de edificios, transeúntes, guardias, algunos de los cuales respondían de forma violenta...

Una vez el anbu creyó que había roto todos los espejos, se dejó caer de rodillas y abrió sus ojos, tenía todo el cuerpo magullado, una costilla rota, pero no sentía dolor. Miró a su alrededor, se en encontraba sumido en una total oscuriadad, sus dilatadas pupilas no eran capaz de captar el más leve rayo de luz.



-"Bueno, así no tendré ganas de fumarme".





De repente, un intenso aroma recorrió las fosas nasales del ninja, un olor a maría de la buena, de las mejores que había olido. Intrigado, no pudo hacer otra cosa que encender una llama para ver de dónde provenía aquel maravilloso olor, aún sabiendas que aquello podía costarle la vida.

Miró a su alrededor, pero seguía en la misma oscuridad de antes, no había ningún objeto donde la luz pudiera depositarse. En un movimiento casi involuntario, miró hacia abajo, hacia su cuerpo. De las heridas que tenía no salía sangre, sino maría. Sin otra opción que fumarse y con la baba calléndole por la boca, Pyros empezó a prenderse fuego y a darse caladas a los brazos y a las piernas.

En un arrebato de voluntad, Pyros consiguió bloquear sus instintos y pensar con claridad durante unos intantes.

-Tranquilicémonos, para ganar una lucha hay que conocer a tu enemigo, yo no soy, nunca se me ocurriría liarme, es un suicidio, una persona normal tampoco, ni los de la liga antidrogas, de haberme liado con algo, no habría sido con papel, eso solo nos deja con un porreta... ¿Pero quién ha podido enrollarme sin que me diera cuenta?...

El olor a la que su cuerpo desprendía volvió a inundarle la cabeza. Cada vez pensaba menos y se fumaba más. De repente identificó ese olor y ese sabor, lo había estado catando momentos atrás, era el de los porros del Yonko.



-Así que fue él... maldito...





Ya estaba apunto de rendirse, estaba demasiado rico como para no fumarse, cuando todo le encajó.

-¡¡Espera!!, ¡¡el Yonko sería incapaz de liarme y no fumarme!!, ¡¡es fisicamente imposible!!-La vista de Pyros bajó de nuevo hacia su cuerpo-Se supone que estos golpes y quemaduras deberían dolerme, pero es como si no fueran de verdad... ¡¡¡¡MALDITO!!!! ¡¡¡¡HAS USADO ESA TÉCNICA Y YO HE CAÍDO!!!!.

La técnica en la que había caído era una poderosa técnica ilusoria suu, metía al enemigo en un genjutsu a la vez que lo hacía en una nube de humo que colocaba a su adversario, así, este no podía sentir dolor y permanecía en la ilusión por mucho más tiempo, hasta que se daba cuenta o moría.

Por suerte para él, Pyros sabía perfectamente la única forma de salir de la ilusión. Expulsando, previamente, todo el aire de sus pulmones, inspiró con todas sus fuerzas el aire que le rodeaba.
En la realidad, fuera de la ilusión, su cuerpo hizo lo mismo, absorviendo todo el humo que le rodeaba y permitiéndole sentir de nuevo el dolor.

Un incapacitante dolor recorrió de punta a punta el cuerpo del rubio, obligándolo a salir del genjutsu. Al fin con su mente en el mundo real pudo ver la magnitud de las heridas. Tenía numerosas contusiones por todo el cuerpo, un agudo dolor en el costado y una hemorragia interna le hizo saber que tenia al menos una costilla rota, eso sin contar con las tremendas quemaduras, que ahora tenía, por brazos y piernas.


-Mi única posibilidad de ganar es que haya caído en la trampa del porro ignífugo, debería de ir rápido.



Durante el tiempo que tardó el Yonko en alcanzar a Pyros, este había colocado una trampa en la entrada principal del edificio, con la intención de que nadie le molestara una vez hubiera alcanzado al Mizukage. Una vez colocada la trampa salió del edificio y se dispuso a entrar por la ""puerta"" lateral que iba a ""fabricar"", cuando le entró la duda de si tenía suficientes condimentos o si debía de comprar en el mercado más, momento que aprovechó el Yonko para atraparle en la ilusión.

Pyros se dirigió a la puerta principal, no podía perder el tiempo haciendo un agujero en la pared con su llama, se vendó los ojos para no caer en su misma trampa y entro corriendo, chocándose con algunas paredes.

Como supuso, en la sala a la que daba la entrada principal estaba el Yonko, gritando de desesperación, intentando fumarse un peta con una pinta maravillosa y una materia prima excelente, pero totalmente ignífugo.

Capítulo 8. Gymkana hasta la torre.









Yonko








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El Yonko sintió cómo nada más encender el porro una red gigantesca de cuerdas con parches antitabaco surgía de él y lo atrapaba en cuestión de segundos. Completamente inmovilizado, y sintiendo cómo la red de parches le consumía lentamente las fuerzas, cayó al suelo y desde allí pudo ver con rabia cómo Pyros se quitaba las ropas de comerciante, le guiñaba un ojo y salía corriendo a toda velocidad a buscar la torre del Mizukage.


Kertch se revolvió con todas sus fuerzas, pataleó forcejeó e incluso trató de morder los hilos, pero parecían indestructibles. Al cabo de unos minutos, agotado, el Yonko dejó de moverse y dejó caer su cabeza pesadamente contra el suelo, cerrando los ojos.


Viendo que no le quedaba otra opción, se replegó a su interior para pedirle ayuda Kertch.



-A ver, tú. Estamos metidos en un buen lío y tienes que sacarnos de aquí. Eres el más racional de los dos, osea que piensa algo.








-¿Y si no me da la gana? Aquí se está la mar de agusto...









-Si nos quedamos aquí Pyros se fumará al Mizukage, mientras que si nos liberas puedes seguir intentado salir y tendrías alguna posibilidad de salvarlo. Cada segundo que perdemos aquí, el mendrugo de tu hermanito está un poco más cerca del Kage, y sabes que se lo va a fumar bien fumadito...





-Maldita sea... Hmmm... En ese caso está bien, déjame pensar.









El joven Nara levantó cabeza para estudiar detenidamente el mecanismo de aquél porro-trampa. Por lo que había visto tenía toda la pinta de ser un instrumento mas de la Liga Antidrogas.
Mientras se preguntaba en qué momento se lo habría mangado su hermano a Wolx y Ghoss sin que nadie se diera cuenta, Kertch probó algunas cosas hasta llegar a la conclusión de que no podría salir de allí por métodos normales. Si su teoría era cierta, y se trataba de un instrumento de la Liga, aquél peta sería indestructible para cualquier técnica Suu (porreta) y para la mayoría de procedimientos ninjas habituales.
Así pues, hizo lo único que podía hacer para salir de allí. El Yonko, que ya había descubierto lo que se proponía empezó a agitarse.


-¡¡Espera, espera, tíio!! ¡¿Seguro que no hay otra manera?! ¡Eso va a doler muchísimo!





Confirmándole que era la única opción que tenían, Kertch inspiró hondo y recurrió a una de las habilidades de su línea sucesora: El Kage Nui no Jutsu o lluvia de espinas.
Convirtió su sombra en una lluvia de espinas letalmente afiladas y las dirigió contra los hilos del porro, a riesgo de que las espinas aparte de destrozar el sistema de la trampa, le destrozasen igualmente el cuerpo.

Después de una pequeña explosión, El Yonko estaba libre, con todo el cuerpo ensangrentado y lleno de heridas graves. Gruñendo a Kertch y afirmando que no volvería a pedirle ayuda, el Yonko echó a correr detrás de Pyros, que ya estaba muy cerca de la torre.

Por suerte para él, Pyros parecía haber tenido un momento de lucidez y había decidido planear su ataque a la torre (que podía estar llena de trampas y soldados) antes de entrar. Así, el rubio estaba detenido a un lado de la puerta, inclinado sobre su mochila...

El Yonko se apoximó a él lentamente por la espalda, de una forma tan increíblemente sigilosa que Pyros no se percató de nada.
Cuando ya estaba a un palmo del rubio, le oyó murmurar mientras sacaba de su mochila una serie de condimentos como pimienta, azúcar, sal...

Con una media sonrisa, el Yonko llegó a la conclusión de que Pyros no estaba pensando ninguna estrategia, sino que llevaba un rato decidiendo con qué iba a ensalzar al Mizukage para que supiera todavía más exquisito dentro del porro. Tan entretenido estaba que no vio al Yonko realizar unos sellos y sumirle en una ilusión con un Genjutsu Suu especial y único...

Cuando Pyros se decidió al fin por echarle todos los condimentos a la vez al Kage y se incorporó frotándose las manos, listo para entrar en la torre, no se dio cuenta de las cosas eran un poco distintas. Se fumó a los guardias de la puerta y entró en la torre, pero en vez de un pasillo o unas escaleras que llevaran al despacho del Mizukage, lo que encontró allí dentro era una sala llena de espejos, en los que podía ver un porro con patas, cara y brazos mirándole con ansia desde todos ellos.

Tardó unos segundos en darse cuenta de que eran espejos, y mirarse el cuerpo, para descubrir que se había convertido en un porro humano... Las ganas de fumarse empezaron a dominar todo su cuerpo.

[Aclaración: Pyros no se había movido del sitio, y estaba babeando sobre su mochila, inmerso en su ilusión, mientras el Yonko se escabuyía hacia el interior de la torre]

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Transmisión en conversación de máxima seguridad.
Culo del mundo... Laboratorio a oscuras.


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-Jefe... Será mejor que me marche ya. El escuadrón Beta ha sido completamente aniquilado, exceptuando, claro está, a Nick Alea, que ha decidido abandonarnos.

Son malas noticias... Pero estoy seguro de que las mercenarias harán bien su trabajo. Debo asegurarme de que es así.










-Por supuesto... En realidad creo que el error ha sido mío. No esperaba que esos dos se hicieran tan poderosos en tan poco tiempo.
Si Lady Kairos y su compañía también llegasen a fracasar en su misión tendremos que adoptar medidas más drásticas.
Creo que el escuadrón Alfa lleva mucho tiempo de vacaciones. Se alegrarán de saber que pueden volver a cazar.

Y ahora márchate, deprisa. No tenemos mucho tiempo...





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Fin de la transmisión.

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viernes, 24 de abril de 2009

Capítulo 8 Gymkana hasta la torre









Nara
Pyros





Pyros se encontraba inmerso en una montaña de porros, era su sueño hecho re
alidad. Empezó a fumar descontraladamente, cogía porros al azar, a puñados y se los metía en la boca de un tirón, las pupilas completamente dilatadas mientras graznaba de felicidad entre ronda y ronda de petas. Si se acercaba algún animalito, por pequeño que fuera, empezaba a gruñirle y a enseñarle los dietes, receloso de que le fuera a quitar alguno de aquellos petas.


-Aún no puedo creerme que el Yonko me haya hecho este regalo, me pregunto que querrá...



Con la emoción de la montaña de petas para el solito, Pyros se había olvidado por completo del motivo por el cuál estaba corriendo hacía unos instantes, fumarse el Kage antes que el Yonko, su eterno rival.


-Wraaaarg wraaarrg, solo me fala un petakage bien enrolladito y se podría decir que estaría en el ciel...

¡¡¡¡HIJO DE PUTA!!!!



Pyros metió un salto enorme y se elevó por encima de la montaña de petas, estaba ya corriendo en dirección hacía la aldea cuando, una misteriosa fuerza, le retuvo, impidiéndole alejarse un paso más de aquella ingente cantidad de materia fumable. Intentó girando un poco hacia la derecha, pero era imposible, intentar por donde lo intentara no podía alejarse más de 5 metros de la montaña.



-Maldito Yonko, jugar con los sentimientos de las personas.





Resignado a que no podría marcharse sin llevarse o fumarse aquella montaña, comenzó una labor de recolección-consumición a una velocidad nunca antes vista. Con la mano izquierda metía los porros en la mochila, mientras que con la derecha se los metía en la boca. Los pies los usaba para barrer porros que se quedaran atrás o para ayudar a la mano derecha a llevarselos a la boca (a veces no basta una mano para abastecer por completo a la boca de un buen porreta).

Con la montaña de porros al fin despachada, Pyros empezó a correr hacía la aldea, para luego volver al mismo lugar por si se había dejado alguno. Tras haber repetido este mismo proceso unas 10 veces, el joven rubio pudo marcharse a fin con la conciencia tranquila.



El Yonko le llevaba ya mucha ventaja a Pyros, estaba por las calles interrogando a la gente acerca de donde estaba la residencia de su lider, cosa muy difícil si lo único que ve la gente de ti es dos ojos rojos envueltos en humo, y para cuando por fin encontraba a alguien dispuesto a hablar, apenas tenía este tiempo para decir la dirección al completo, pues era rápidamente liado y fumado.

Estaba ya el Yonko desesperado cuando, una voz se dirigió a él. Era la de una ardilla, de no más de un palmo, con un peta del doble tamaño que ella. Cualquiera, a juzgar por su tamaño, hubiera afirmado que su voz tendría que ser aguda y débil, pero este no era el caso, aquella ardilla tenía una vozarrona que se elevó sobre el grito de una persona que estaba "siendo interrogada" por el Yonko.

- Yo se lo que buscas, y te podría decir dónde encontrarlo, lo tiene un mercader del barrio del mercado.


-¡¿¿Lo tiene raptado??!, ¿como un mercader puede tener al Kage de una ciudad?.




- ¡Ahh!... que vienes a por eso... entonces aún no te habrás enterado... es la única explicación a que busques al Kage en vez de a...

-¡¡¡¿A qué?!!!! ¡¡¡¡A QUÉ!!!! ¡¡¡¿Qué puede ser mejor que un jugoso Kage?!!!





- El porrillo de poder, se creía que solo había uno, pero al parecer se crearon dos, un mercader de esta aldea lo tiene, su familia lo había mantenido oculto durante generaciones, pero unas malas inversiones le han forzado a ponerlo en venta. Pensaba que ya lo sabi... ¡¡¡¿Eh?!!!, ¿dónde se ha metido?.

El Yonko ya no estaba escuchando a la ardilla, en cuanto por sus oidos entró la palabra porrillo de poder salió como una flecha, dejando sola a la ardilla.
De repente, la ardilla estalló, liberando una enorme cantidad de humo, tras el cual apareció la figura de Pyros.

-No se por qué Kertch es el único que me pilla el disfraz de ardilla, es perfecto, debe tener espías o algo que me ven transformándome, no hay otra explicació.




Pyros salió corriendo hacia el mercado, la parte uno de su plan se había cumplido con éxito.

En pocos segundos llegó a la plaza donde se encontraban la mayor parte de las tienda y vio como el Yonko revisaba una por una toda las tiendas, se fue corriendo hacia la que estaba a punto de ser registrada y quitó al comerciante de un golpe poniéndose su ropa.

-¡Buenas tarde señor!, ¡Oh!, usted es el famoso Yonko, le estaba esperando, tengo lo que buscabas.




El Yonko, no paraba de mirar hacía los lados, temía la llegada de Pyros, creía que había caído tan fácilmente en su trampa de la montaña de porros porque conocía la existencia del segundo porrillo de poder y quería deshacerse del Yonko a toda costa para que no le siguiera y le viera comprándolo.

El mercader sacó de debajo de su túnica un porro, bastante grande y excelentemente liado, sujetándolo con las dos manos se lo extendió y luego lo volvió a traer hacia él. Pyros sabía que no podía fumarse aquel porro, que en cuanto le diera la primera calada, una red de parches antitabaco le envolvería, pero aún así le resultaba difícil separarse de él. Estaba a punto, Pyros, de ceder y fumárselo el cuando el Yonko impaciente por tanto titubeo se lo arrebató de las manos. Una lágrima recorrió la mejilla de Pyros cuando aquél loro encendió el peta y le dió la primera calada.

miércoles, 22 de abril de 2009

Capítulo 8. Gymkana hasta la torre.









Yonko








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Kertch y Pyros corrían y corrían, pero no huyendo de los pueblerinos, sino justamente hacia ellos, o mejor dicho, hacia sus casas.

Se dirigían al poblado porque allí estaba la torre del Mizukage, y ahora era una carrera a vida o muerte (o al menos así lo tomaban) por fumarse al líder de la Aldea.

El Yonko miró de reojo a su compañero rubio, mientras los dos cruzaban un bosque de plantas exóticas que más bien parecíal algas. De pronto, se tiró al suelo, como si hubiera encontrado un montón de petas y Pyros picó.
Se tiró también al suelo, con un poco de retraso, y para cuando cayó, el Yonko ya estaba en pie, a su lado.

Lo miró como quien despide a alguien antes de mandarlo a la tumba, y Pyros se giró a su vez, para mirarlo con ojos de corderito degollado (un poco falsos). Sin embargo, su rostro cambió por completo a absoluta felicidad cuando vio lo que Kertch hacía.


El Yonko recurrió una vez más a todo su poder y realizó unos sellos, preparandose para hacer una de sus invocaciones. Del cielo cayó una verdadera alud de porros, que aplastaron literalmente al rubio, mientras este lloraba y chillaba de felicidad, intentando en bano abarcarlos a todos de una vez en la boca.


-¡¡¡ooohhh!! ¡¡¡Síiiii, quiero máaaas, máaas petaaaas!!! ¡¡Gracias, Yonko, ya sabía yo que en el fondo eres un gran tipo... O loro... O lo que sea!! ¡¡Agashagashagasha!! ¡¡Uuuuhuhu....mmppfff...mmpppppfffhhhh!!






Confíando en que moriria ahogado, o al menos en que aquella gigantesca torre del tamaño de las fosas marianas lo mantendría entretenido varias horas, el peliverde echó a correr a toda velocidad rumbo a la torre.

Por el camino, El Yonko se dirigió a Kertch en su interior:


-Bueno, nenaza... Podrías usar esa técnica tan chula que haces para llevarme volando a la torre, ¿no? Si lo haces bien luego te dejo salir un ratillo.







-¡¡Ni lo sueñes, mierda de pájaro!! ¡Cuando salga de aquí te juro que te voy a encerrar para siempre!







-Bah... Encima de que te salvé el culo prestándote mi poder con el tipo ese... Eres un desagradecido y un zopenco. Ala, ahí te quedas.






Y el Yonko siguió corriendo, cada vez un poco más cerca de la maravillosa torre donde le estaba esperando una buena recompensa. Un buen porranco de Kage.