lunes, 13 de julio de 2009






Nara Kertch












-------------------------- ----------------------------- ----------------

La cosa se había puesto verdaderamente complicada en muy poco tiempo. Kertch y Pyros no tenían ninguna posibilidad contra aquella invencibilidad temporal que le daba EL CACHIMBORRIO a su oponente.

Habían probado varias maniobras pero ninguna acababa de dar resultado, y lo único que conseguían era prolongar un poco más su muerte. Afortunadamente, el efecto de la segunda calada terminó, y tenían una nueva oportunidad para hacerse con la reliquia legendaria antes de que comenzasen los siguientes 5 minutos de suplicio.

El Nara decidió que lo mejor era lanzar él su sombra y que Pyros le robase el arma, de modo que realizó los sellos y activó su línea sucesora.


-¡Rápido, Pyros! ¡quitále EL CACHIMBORRIO!







El rubio se lanzó a por el objeto y consiguió quitárselo de las manos aprovechando la inmovilidad temporal de su oponente.

La pelirroja se desplomó y quedó bocabajo en el suelo, debilitada por la sobrecarga de esfuerzo.
Kertch le quitó rápidamente EL CACHIMBORRIO a su hermano antes de que este le diese una calada, y lo guardó en la mochila.



-Oohh, vamos, no seas así... déjame darle una caladita al menos.






El peliverde se lo quitó de encima de un manotazo y fue a comprobar el estado de Hino y Uranior, que parecían heridos de gravedad.
Los estaban ya espabilando a bofetadas cuando algo se movió cerca de ellos.

Alerta, Kertch se giró rápidamente y descubrió que Lady Kairos todavía no había sido vencida.
Se estaba levantando con esfuerzo, pero todavía parecía muy capaz de pelear.


-Mierda... Qué mujer tan temible... Todavía sigue queriendo luchar...
Su determinación es impresionante.







La chica levantó su maza una vez más y miró a los dos hermanos con odio, lista para volver a entrar en combate. Y así habría sido de no ser porque dos manos la sujetaron por los brazos antes de que pudiese dar un paso.


-Jefa, ya es suficiente. Deje que se marchen.















-Si, no hay nada que hacer. Esta vez creo que nos hemos encontrado con una presa que no podemos vencer.
A lo mejor no valemos para esto después de todo...
Creo... Creo que voy a dejar mi puesto.







-Estoy contigo, Rythia. Creo que esto ha sido una etapa de nuestras vidas. Ha estado bien, pero ya hemos llegado a nuestro límite.












-¡¡Pero qué estáis diciendo!! ¡Traidoras! ¡¿Vais a tricionarme por estos dos imbéciles?! ¡Conocéis perfectamente el código! ¡La traición conlleva la muerte por castigo!




-Se equivoca, jefa. El rubio no sé, pero le aseguro que Kertch no es ningún imbécil...













-Y además... Han sido muy amables... Y son tan monos...









-¡¡Pequeña insolente!! ¡Ya te has olvidado de todo lo que me debes, ¿verdad?! Está bien, os mataré ahora mismo, ya que lo pedís con tanto ahínco.










-Ya no tienes EL CACHIMBORRIO. Si intentas tocarles un pelo te decapitaré aquí mismo.
Lo más razonable es que te marches ahora que todavía estás a tiempo.













-Bueno, si quieres quedarte por mi parte bien, pero con la condición de que no te muevas mucho cuando te enrrolle. Es una lata cuando los porros no se están quietecitos.





La pelirroja vio que los dos hermanos se habían puesto entre ella y sus ex-compañeras, y se dio cuenta de queen ese momento ya no tenía ninguna posibilidad.
Recogió su maza con furia, los miró a los cuatro con odio y dijo:


-Está bien. Me marcho, pero os juro que esto no quedará así.

Volveré para vengarme, junto al resto de la tropa mercenaria, y os mataré a vosotros dos, malditos porretas, y a vosotras, zorras traidoras.
Quedáis avisados. ¡Adios!









Y salió del bosque con paso firme. Kertch y Pyros suspiraron, un poco agotados por tan dura batalla.

Las chicas les dieron las gracias. Selene cogió la mano de Kertch y le dijo:


-¿Quieres que te haga un masaje? Puedo contarte otro acertijo mientras jeje.
Pero vamos a una zona más tranquila mejor...














-Claro que sí, monada. Si tenemos tiempo te resuelvo otro acertijo jajaja.








Y los dos jóvenes se metieron en el bosque. Lo que ocurriría en las siguientes horas es algo que no sería decente explicar en este blog.

Sí. Todavía nos queda un poquito de decencia.

Por su parte, Uranior e Hino despertaron varias horas después, completamente solos en medio del bosque.
Y Uranior estaba encima de Hino.


domingo, 12 de julio de 2009

Capítulo 11 El ataque de las mercenarias. ¡¡Aaaaay pajarraaca!!









Nara
Pyros







La situación era crítica, si no conseguían arrebatarle EL CACHIMBORRIO de poder probablemente no sobrevivirían a otro envite como el que acababan de recibir, y aún les quedarían dos caladas más. No podía desaprovechar la oportunidad, después de la segunda calada seguramente se encontrarían muertos o tan machacados que les resultaría incluso imposible arrebatarle el chupete a un bebé.

Pyros miró a su hermano, la acometida le había dejado a varios metros de él, bastante más alejado de la pelirroja. Si alguien podía evitar que se diera aquella calada, ese era Pyros. Consciente de que era el más cercano al rival y que, por lo tanto, todo dependía de él, Pyros corrió hacia la mercenaria, ahora agachada, a escasos instantes de dar una nueva calada. Con el cuerpo magullado, y destrozado, Pyros no pudo correr tan rápido como esperaba, no iba a llegar a tiempo. Tenía que pensar rápido una solución.

Pyros miró a la pelirroja, estaba a escasos metros de él. No la podía ver con claridad, pues estaba atardeciendo y el sol le daba de cara. Agachó la mirada para protegerse de los rayos a la vez que se preparaba para dar un salto, con la esperanza de alcanzar a su objetivo y arrebatarle EL CACHIMBORRIO, entonces fue cuando vio claro lo que debía de hacer. Debido a la posición del sol su sombra y la de la muchacha se encontraban pegadas, un momento ideal para un nara. De esta manera consiguió inmovilizarla justo a tiempo, antes de que diera una calada.

Parecía que el plan había resultado, Kairos aún no había dado la calada y se encontraba a merced de los movimientos de Pyros. Pero había algo que se le había escapado a sus cálculos, si Pyros le daba una calada a su peta, Lady Kairos haría lo mismo con EL CACHIMBORRIO. Consciente de la situación, Pyros tomó la única decisión que podía tomar en aquel momento, cerró los ojos e intentó aguantar todo el tiempo que pudo sin fumar, Kertch ya había empezado a correr hacia Kairos, era solo cuestión de tiempo.


-Me sacrificaré por mis compañeros.
-Dijo mientras una lágrima le caía por la mejilla.-Esto va a doler...





Pyros aguantó lo que para él fueron los minutos más largos de su vida, sabía perfectamente que cada segundo de tiempo, que pudiera darle a su hermano para derrotar a Lady Kairos, contaba.

Al final no pudo más, dando una larga calada a su peta, alivió su tormento. A juzgar por el tiempo que creía haber aguantado, debía de ser de noche. Abrió lentamente los ojos, no quería ni imaginarse lo que habría hecho su hermano con la totalmente inmóvil muchacha en todo el tiempo que le había dado, si algo sabía hacer Kertch era aprovechar cada segundo en un combate.

Para sorpresa de Pyros, todo alrededor suya seguía exactamente igual, a excepción de su hermano, que había dado el primer paso de su carrera hacía Lady Kairos.

-¡¡¿PERO ES QUE NO ERES CAPAZ DE AGUANTAR MÁS DE MEDIO SEGUNDO SIN FUMAR?!! ¡¡SERÁS...





La bronca quedó interrumpida, Lady Kairos, ahora con renovado poder, volvía a la carga, haciendo honor al poder de EL CACHIMBORRIO. Había conseguido deshacerse de la atadura de la sombra de Pyros como si de hilos se tratase, era literalmente imparable. Incapaz de mantener a su contrincante por más tiempo atrapada, Pyros recogió su sombra y recibió la primera oleada de mazazos de la peliroja.

Ahora el plan era claro, aguantar como sea. Los dos hermanos empezaron a hacer copias, cualquier cosa con tal de aguantar unos minutos más. A pesar de que las copias cumplían su objetivo y confundían a la mercenaria, tampoco suponían una gran ayuda, eran exactas copias de sus autores, pero mucho más débiles, y Lady Kairos tardaba escasos segundos en alcanzarlas y destrozarlas.


Mientras Kairos se entretenía destrozando las copias de Kertch y suyas, Pyros, se acercó al lugar donde se encontraba Hino y empezó a sacudirlo.

-¡¡Vamos amigo!! ¡¡No puedes dejarme en un momento así!! ¡¡Levanta, usa tu chinakugan!! ¡¡¡¡NECESITO SABER LOS INGREDIENTES DE ESA CACHIMBAAA!!!!




-Mogue... mogue... boing... boing...





Era inútil, ni las desesperadas sacudidas de Pyros pudieron sacar a Hino de su profundo sueño. Parecía un zombie, con los brazos extendidos y abriendo y cerrando las manos, como si estuviera cogiendo algo.

Pyros miró al lado, donde se encontraba, también en sueños, Uranior.

-¡Muere muere!, ¡púdrete en el infierno Michael Jackson!, ya no me quitaras a ningún niño más muajajajajaa...




Aterrado, Pyros salió corriendo de nuevo hacia la pelea, la muerte era mejor que aquello.



Kertch intentó llevar la pelea a la parte más frondosa del bosque, con el fin de intentar obstaculizar sus golpes y que les fuera más sencillo esconderse, ganando así algo de tiempo, pero cuando tu enemigo tiene el poder de arrancar los árboles de un mazazo, el tiempo que se gana con esa estrategia es casi nulo.
Pyros, a su vez, intentó de diversas maneras hacerse con la receta de EL CACHIMBORRIO, lo intentó por el olor, demasiados aromas. Por las cenizas, pero las únicas que dejaba eran las del carbón, y eso no le servía de nada. Intentó preguntárselo, pero la respuesta no fue muy educada. Intentó robarle EL CACHIMBORRIO, intentando distraerla con juegos malabares, con porros, realizados por sus copias, pero al final siempre era él el que se distraía fumándoselos.

Consciente de que no conseguiría la receta, al menos no amistosamente intentó, en varias ocasiones, enrollar y fumarse a Kairos. La atacó en grupo, solo, babeando o simplemente gritando, con trampa en el suelo o por el aire, pero el resultado era siempre el mismo, un doloroso y contundente mazazo.




Los ataques de fuego y viento realizados conjuntamente, parecían no dañar a la mercenaria, sino todo lo contrario, la ponían más furiosa y atacaba con más fuerzas.

Capítulo 11. El ataque de las mercenarias. ¡¡Aaaaay pajarraaca!!






Nara Kertch












-------------------------- ----------------------------- ----------------

Kertch esquivó el mazazo de la líder mercenaria, y se echó a un lado para evaluar mejor su potencial.
Había derrotado sin problemas a Hino y Uranior, pero claro, tampoco es que eso tuviese mucho mérito. De modo que el Nara decidió que lo mejor sería acabar con ese combate cuanto antes.
Las mercenarias ya habían demostrado no ser demasiado fuertes, y esperaba que su líder tampoco fuera una excepción.

Realizó unos sellos y proyectó sobre la pelirroja un chorro de viento, que la alcanzó de lleno y la lanzó volando contra un árbol.

-¡¡Arghh!! ¡¡Serás...!! ¡No sabes lo que has hecho, pero te aseguro que lo vas a pagar!

















La pelirroja se lanzó al ataque con mucha más furia y rapidez. En esta ocasión faltaron décimas de segundo para que Kertch no acabase con el cráneo hecho pedazos, debido a la ferocidad de la guerrera.



(Mierda... Eso ha sido muy peligroso. Evidentemente esta no está al nivel de sus compañeras. Un descuido y nos hará puré.)





Pyros aprovechó para intentar sujetarla por detrás y obtener así una buena posición desde la que envolverla y fumársela, pero al parecer los reflejos de Lady Kairos también estaban por encima de los límites humanos, porque se giró con rapidez y le dio una patada tremenda a Pyros en la espinilla, haciendo que este se doblase de dolor contra el suelo.


Se disponía a rematarlo cuando se dio cuenta de que este había dejado de frotarse la espinilla, y lo que ella había pensado que eran protestas doloridas en realidad era una risa contenida, y mitigada por el peta.
Antes de poder averiguar de qué se reía un círculo en llamas la rodeó, y parecía no tener salida.
De alguna manera el chico se las había arreglado para colocar algún líquido inflamable en círculo justamente en el lugar donde ahora estaba la mercenaria, y las llamas eran tan altas que ella no podía escapar.


-Bien jugado, hermanito. ¿Pero de dónde has sacado la gasolina?










-¿La gasofa? Se la mangué a Uranior hace un rato. Tenía un montón de cosas muy divertidas en su mochila jaja. Le he quitado dinamita, gasolina, unas instrucciones que decían "cómo inmolarse si el plan sale mal", marihuana, por supuesto, y también le iba a chorizar un walky-talky muy chulo, pero estaba junto a una revista de prenatal que olía raro y tenía una sustancia blanca que he pasado de tocar; así que lo dejé en su sitio.

Kertch se quedó pensativo con aquella información. Cada vez sospechaba más de su hermanastro...

Antes de poder seguir preguntando, les llegó un grito terrorífico del interior del círculo de fuego, y los dos asintieron con la cabeza, pensando que su contrincante había sido abrasada por las llamas.


-Lástima... Estaba buena, y si no valía para un buen pete al menos tenía pinta de ser un buen peta.





-Eh... Sí, lo que tú digas, pero vamos a asegurarnos de que se ha quemado del todo.






Los dos hermanos se acercaron al círculo de fuego, pero allí vieron una sombra que todavía se movía en su interior.
Al cabo de un momento escucharon otro alarido, y para tremenda sorpresa de Kertch y Pyros la mercenaria salió de entre las llamas sin un rasguño y con los ojos rojos.
Ahora tenía una mirada desequilibrada y parecía un animal salvaje a punto de atacar.


-¡¡AAA
AARGG
HHH
OSSS VOYY
A
DESCUAR
TIZAA
ARRR!!!














Su velocidad y fuerza parecía haberse multiplicado por varias docenas, porque ahora los dos Naras estaban teniendo serias dificultades para esquivar sus golpes, llevándose aproximadamente la mitad de ellos.

Y lo peor es que llegaban con muchísima fuerza, y estaban provocándoles heridas graves por todo el cuerpo.

En un momento dado, Kertch pudo ver un extraño artefacto en su mano, que parecía una cachimba especialmente grande.
Durante los siguientes escasos segundos que tuvo para analizarla, reconoció el sello y la manufactura Suu en ella, además de un halo de poder legendario que parecía envolverlo, y recordó las palabras que su amiga Susan les había dicho tiempo atrás.



("En cuanto a las Reliquias, los documentos que he consultado decían que existen o existieron tres: La menos poderosa era conocida como EL CACHIMBORRIO, que, como su nombre indica, es una cachimba de inigualable belleza, y que encierra en su interior el poder de dotar a su portador con una invencibilidad casi total durante 4 caladas. El efecto de cada una de ellas no dura más de 5 minutos, por lo que se puede aspirar a 20 minutos, con un poder increíble")




El chico cayó en la cuenta de lo que eso significaba. Parecían haber sido capaces de sobrevivir 5 minutos, y efectivamente su enemigo estaba girándose para dar otra calada, pero no estaba seguro de poder aguantar otra oleada de ataques. Además, habían intentado golpearla con todo tipo de movimientos, y era cierto que parecía imvulnerable a todo mientras estaba colocada.


-¡¡¡¡¡¡Mierda!!!!!! ¡¡Pyros!! ¡¡Tiene EL CACHIMBORRIO!! ¡Tenemos que destruirlo o quitárselo antes dé que de otra calada o estaremos muertos!







Tal vez era demasiado tarde....

Capítulo 11 El ataque de las mercenarias. ¡¡Aaaaay pajarraaca!!









Nara
Pyros







Los dos hermanos, de nuevo juntos, caminaron sin prisa hacia el lugar en el que estaban Hino y Uranior. No creían que fueran capaces de vencerla, pero en aquél momento tampoco es que les importara demasiado.



-Te lo advierto renacuajo, como oses tocarme un solo pelo, te arranco la cabeza de un mazazo.















Hino, haciendo el baile de Parco Folgore, se acercaba peligrosamente hacia la pelirroja, dispuesto a usar la técnica del "mogue mogue" (sobar sobar). Cuando estaba a un metro de ella dio un salto y se situó a la altura de sus pechos, dando por comenzada la técnica.

-¿Quieres dejar de hacer eso?, me están entrando arcadas, ¿es que no ves lo pocha que está?... Buuaaargg...





Impedido por la fatiga, Uranior fue incapaz de mantener por más tiempo la sombra.

-¡¡¡¿PERO QUÉ HACES?!!!, ¡¡¡no la sueltes!!!, ¡¡¿no ves qu...






Demasiado tarde, un fuerte mazazo golpeó la cabeza de Hino, lanzándolo por los aires. Desorientado por el golpe, Hino dio varios traspiés, intentando levantarse después del tremendo golpe. La cabeza le daba vueltas, pero ahora si que se había cabreado, apretando puños y dientes consiguió que el mundo dejara de dar vueltas. Tenía que ganar esta pelea, fuera como fuera. Activó su chinakugan y aceleró ñas caladas a su peta, el mundo parecía ir ahora mucho más lento, sin duda, efecto debido al porro y a la adrenalina, que se estaba disparando por todo su cuerpo. Miró a los ojos a Uranior, cruzaron sus miradas, ambas reflejaban determinación, determinación por acabar con aquella que se había burlado de ellos momentos antes.

-Pagarás lo que has hecho vieja bruja, ¡envidia!, ¡eso es lo que tienes!, ¡envidia de que Hino sea mucho mas guapo que tú!, ¡VIEJA!.



Motivados quizás por una buena estrategia, o quizás por el asco que ahora Uranior le daba a Hino, cada uno atacó por un lado distinto, Uranior por delante y Hino por detrás, alejado todo lo que le era posible de Uranior.

El ataque conjunto dio sus resultados, Lady Kairos se vio desbordada ante la brutal furia de los ataques. Hino, gracias a su chinakugan pudo ver el punto débil de la pelirroja, su pelo, un pelo tan largo no podía ser cómodo en combate. Una vez adivinado su punto débil el resto fue sencillo, gracias a una total sincronización, y a una porro-copia que realizó Hino, lograron atrapar a su adversaria. La porro-copia corrió a tirarle del pelo, un ataque inofensivo, pero que consiguió distraer a Kairos el tiempo necesario para que, Uranior, usando su control sobre la arena, consiguiera enterrar a Lady Kairos de cintura para abajo, mientras que Hino, sacando el papel gigante que le había conseguido robar a Pyros sin que este se diera cuenta, envolvió lo que sobresalía de la dama. El improvisado plan había dado resultado, ahora Lady Kairos estaba totalmente atrapada y lista para ser fumada.



Kertch y Pyros tardaron apenas unos segundos más en aparecer, el paso lento que levaban quedó detenido por la sorpresa de ver el resultado de la pelea, ninguno de los dos esperaba que pudiera acabar de aquella forma. Para sorpresa de los dos hermanos, Uranior y Hino aún respiraban, seguían vivos, tendidos inconscientes a varios metros de una furiosa Lady Kairos, que se había liberado fácilmente de sus ataduras y los había lanzado, de un fuerte mazazo, volando a bastante distancia de ella.

Lady Kairos iba a salir corriendo hacia los dos pequeños, para rematar la faena, cuando se percató de la presencia de dos nuevos oponentes, esta vez, algo más dignos.

-Veo que habéis conseguido derrotar a mis mercenarias, pero no os preocupeis, yo terminaré lo que ellas no.
















A Pyros se le alegró incomprensiblemente la cara y abrió los brazos, mientras que la pelirroja, corría hacia ellos, con la maza en alto, dejando un inmenso cráter en el lugar donde, instantes antes, se encontraban Kertch y Pyros, que habían esquivado hábilmente el ataque. Desilusionado, Pyros comprendió que, con "terminaré lo que ellas no", Kairos se refería a matarlos.

-Vaya con la melonuda melenuda.-Y Pyros se quedó un rato callado, pensando acerca de lo que acababa de decir.

Capítulo 11. El ataque de las mercenarias. ¡¡Aaaaay pajarraaca!!






Nara Kertch












-------------------------- ----------------------------- ----------------

-¡¡Maldito seas!! ¡Eso ha dolido, ¿sabes?! Parece que al final no eres tan tonto... Pero sigues siendo un tipo normal y corriente... No creo que tienes la estrategia necesaria para vencerme.












-¿No? Pruébame entonces, guapa.







La chica aprovechó ese momento de charla para sacar una extraña cadena que llevaba atada a la espalda y la lanzó con fuerza hacia el borde del agujero en que había acabado metida.
Seguramente su intención era anclarla en alguna piedra o saliente para poder escalar por ahí, pero lo que consiguió fue atar uno de los tobillos de Kertch, que no lo esperaba, y al tirar este cayó al interior del agujero también.

El chico trató de no aplastar a la mercenaria, pero inevitablemente cayó encima de ésta, debido al reducido espacio del hoyo.
Un poco colorada, lo apartó de un empujón y sacó el arma, lista para matarlo allí mismo.

Utilizando el tobidasu, Kertch levitó varios metros hacia la superficie y miró hacia abajo. La joven, que era bastante tozuda, le lanzó la cadena para tratar de bajarlo de nuevo y acabar el trabajo, por lo que el Nara la esquivó ágilmente con una maniobra aérea y salió a superficie.
Una vez en el borde, vio que ella había conseguido lanzar la cadena y clavarla en un saliente del exterior, por lo que ahora estaba trepando nuevamente hacia arriba.

La dejó subir, guardó su porro-espada y extendió las manos, en señal de paz. Se acercó un poco a Selene y trató de razonar con ella.


-A ver, vamos a portarnos como personas razonables. Sé que es tu trabajo matarme, pero a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que peleamos en niveles distintos, y no vas a poder.

Por otro lado, si me sigues obligando a pelear, no tendré más opción que matarte o impedir que sigas moviéndote, y eso tampoco te gustaría. Así que te propongo lo siguiente.
Un reto. Te reto a que midas tu inteligencia con la mía, ya que parece que ese tema te encanta jaja. Puedes hacerme el acertijo que quieras, y si no lo respondo bien te juro que dejaré que me mates. No opondré resistencia. Pero si pierdes, deberás desistir... y tener una cita conmigo jejeje.

-¡Anda! ¿Pero qué descaro es este? Mmm... Bueno, está bien, listillo. Acabas de firmar tu sentencia de muerte jajaja. Será imposible que resuelvas uno de mis acertijos.
-Sacó la cadena, la miró pensativa un momento, mientras ideaba una adivinanza que no pudiera resolver su enemigo, y al cabo de unos instantes levantó la cabeza; satisfecha y sonriente.-
Muy bien. Escucha bien, porque sólo lo diré una vez.
Si fueras un experto joyero y te llevasen cuatro trozos de cadena, de tres eslabones cada uno, para que los unas formando una pulsera, ¿cuántas cortes y cuántas soldaduras harías?




Kertch meditó bien su respuesta durante unos instantes. Razonándolo bien la respuesta no parecía muy complicada... Pero tenía que tener trampa. Tenía que haber otra posibilidad.
Al cabo de unos segundos, la inspiración le llegó y miró a los ojos de la chica.



-Yo haría tres.







La chica sonrió maliciosamente mientras desenfundaba su espada y se acercó con la cabeza alta a Kertch.



-Una pena. Has fallado, y la verdad es que me da pena porque estabas empezando a gustarme... Ya lo creo que lo estabas haciendo bien, peliverde.
Pero tal como pensaba, te sobrestimas. Te consideras el estratega de tu grupo, y te crees más inteligente que nadie, mirando con superioridad a los demás cuando realmente ¡¡no tienes ni idea!! Eres solamente un poco más inteligente que la media, pero nada fuera de lo común. Y ahora, chiquitín, dejame que te diga la respuesta correcta.

Tendrías que haber dicho que cortarías cuatro eslabones, uno de cada trozo, para engarzar los trozos y soldar a continuación cada eslabón cortado. Tendrías, en definitiva, que hacer cuatro cortes y cuatro soldaduras.
¿Ves? No eres tan listo después de todo... Y ahora, si eres tan amable de estirar el cuello y hacerme el trabajo un poco más fácil...


-Lo siento pero no, cielo. Esa sería una posibilidad, pero mi respuesta también era correcta. No es necesario hacer cuatro empalmes. Puede formarse la pulsera con solo tres. Basta coger solo uno de los cuatro trozos y cortar sus tres eslabones. Con cada uno de los tres se empalman los otros tres trozos. Y son solo tres. No cuatro.

Ah, y eres muy lenta con el arma. Deberías taparte, porque me aburría mientras decías todas esas tonterías y he decidido que te estabas recalentando y convenía... refrescarte un poco jeje.



La chica abrió la boca de par en par, impresionada por la lógica aplastante de su respuesta. Estaba tan impresionada que no se dio cuenta de que el Nara había lanzado su arma contra su pierna con tanta precisión que le había cortado las cintas que sujetaban la prenda que cubría su pierna derecha.

-¡¡Ahhh!! Está bien, cerebrito, una promesa es una promesa, y las mercenarias también tenemos nuestro honor. Tú ganas. ¿Cuándo quieres quedar?












Kertch sonrió, satisfecho de haber resuelto el conflicto sin tener que herir a aquella monada.




-En cuanto me encargue de tu jefa lo hablamos, ¿vale cielo?
Ah, y te llamabas Selene, ¿verdad? Se lo oí a la pelirroja. Yo soy Kertch, encantado.









Todavía sonrojada, la chica se tapó y asintió tímidamente con la cabeza.

Kertch se dirigió a donde estaba Pyros, que venía también muy sonriente, y los dos se chocaron las manos en señal de haber concluido el trabajo.

Hino y Uranior no estaban teniendo tanta suerte...

Capítulo 11 El ataque de las mercenarias. ¡¡Aaaaay pajarraaca!!









Nara
Pyros






La frustración se podía respirar en cada centímetro cúbico de aire, Rythia no conseguía herir a Pyros y este no conseguía que ella le echara un poco de caso.


-Pero, ¿por qué no lo hablamos tranquilamente?.-Rythia volvió a cargar contra Pyros.-Ohh... vamos... estoy seguro de que podríamos llegar a un acuerdo.-Dijo mientras esquivaba un primer espadazo al costado.-Si me he fumado a algún familiar tuyo te lo compensaré...-El rubio dio un salto, elevando la cadera, para absorber la fuerza de un tremendo rodillazo a la boca del estómago.-Vamos... vamos... ya sé que estás enfadada, ¿qué tal una cita?, ¿te llevo al cine o algo?-Pyros movió rápidamente la rodilla para esquivar una veloz patada a los huevos.-Vale sé captar las indirectas, no te gusta el cine.

La rubia dio un fuerte empujón al nara, tumbándolo varios metros más atrás.

-Fiuuuf... si lo que querías es acostarte aquí conmigo solo tenías que pedírmelo.-Dijo mientras palmeaba el suelo que se encontraba a su derecha.




Lo único que consiguió Pyros por respuesta fue que casi le pisara la cabeza.
-"Es una chica difícil, tendré que utilizar todos mis encantos"-Dijo mientras se levantaba de un salto y se peinaba el pelo rubio hacia un lado.

Rythia dio media vuelta, volvió a localizar a su adversario, situado a un metro de ella, y, una vez fijado un nuevo blanco, dio una gran zancada hacia Pyros a la vez que utilizaba el impulso para lanzar un certero tajo al cuello. El rubio respondió al envite flexionando las rodillas y echando todo su cuerpo para atrás, pasándole la hoja por encima de su cara, para luego volver a ponerse recto y quedar a escasos centímetros de su atacante.


-Con que quieres un besito nena, bien, aquí tienes, pero te advierto, fumo tanto que creo adicción.




Pyros rodeó con sus brazos a la guerrera, agarrándose por las manos en su espalda para dejarla firmemente inmovilizada. Acto seguido intentó darle un beso, soltándola inmediatamente después para que una rodilla no le quitara la virilidad.
El ataque habría continuado de no ser porque, la armadura de la guerrera, cayó al suelo desatada.

-Eso me responde a la pregunta de para qué servía esta cuerda.-Dijo mirando a una cuerda de cuero arrancada que tenía en la mano derecha.-Seehh... Lo que sospechaba... son naturales.-Dijo cambiando de sitio la mirada.




-¡¡Eres!!... ¡Eres!...















Pyros se acercó lentamente a aquella rubia, sacando un enorme, grueso pero suave papel y con una sonrisa de oreja a oreja.

-Vamos tápate con esto, no me gustaría que te resfriaras por mi culpa.



Sorprendentemente, la rubia, no intentó esta vez nada contra Pyros, se quedó sentada y se tapó con la especie de manta que le traía Pyros. Posiblemente debido al cansancio y a que ya habría comprendido que no conseguiría derrotarle.

-Quédate aquí, acabo con tu jefa y vuelvo a terminar lo que empezamos.-Dijo guiñándole un ojo.
-Y no te pongas celosa, que sabes que tu siempre serás mi favorita.



Pyros se dio la vuelta y se puso a caminar rumbo a la peliroja, cuando la rubia le volvió a hablar.




-Por cierto, me llamo Rythia.
















Pyros se quedó parado durante el tiempo que duró la frase, asintió con la cabeza, y continuó andando, más adelante estaba su hermano, que ya había acabado también con su adversaria, y a juzgar por su sonrisa, de una forma muy similar a la suya.