viernes, 21 de noviembre de 2008

La Aldea espejismo Capítulo 4.1.






Nara Kertch










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Ghoss y Wolx no podían creer lo que estaba ocurriendo... Un pingüino parlante les estaba dando de leches, y no conseguían quitarselo de encima. El bicho saltaba de la cara de uno a la de otro obligándoles a chuparle las pelotillas, bailaba, o les daba de tortazos. Cuando Ghoss trataba de desvancecerse, le lanzaba un chorro de excrementos, y cuando Wolx le lanzaba chorros de agua, el pingüino los remontaba surfeando y le daba un aletazo en la cara al llegar hasta él.


-¡¡Qué os pasa, paletos!! ¡Os voy a convertir en mi pareja particular de putitas! ¿Es que no lo entendéis? Ese chico rubio de ahí es amigo de mi dueño, y parece que le estabais molestando, ¡así que ahora os voy a patear el culo!









Tras un rato de pelea encarnizada, en la que el animal les estaba dando una soberana paliza, Wolx consiguió invocar unas cuantas orcas, que vinieron por el mar, persiguiendo al pingüino, y este tuvo que salir nadando a toda prisa, mientras seguía insultando y vacilando a la pareja.

Entonces, apareció un personaje de apariencia muy relajada. Caminaba con pasos tranquilos, como si no llevara ningun prisa, mientras sostenía entre sus manos una revista erótica. Se giró hacia los otros dos y les sonrió con una evidente mueca de burla.

-Vaaya... Parece que sois más inútiles que de costumbre... Ahora os dejáis aplastar hasta por un pingüino... Se lo contaría al jefe, pero me da taanta pereza. En lugar de eso creo que me tumbaré aquí.
¡Eh! ¡Ghoss! ¿Puedes traerme algo para picar? Anda, sé buen chico, ¿eh?




-¡¡Pero qué te has creído!! ¡¡Serás gilipollas!! No has aparecido por aquí en los últimos tres meses, ¿¿y ahora vienes a vacilarnos?? Nick, que sepas que hemos sido duramente castigados por dejar escaparse a dos porretas legendarios, y todo por tu culpa...
Y encima querrás cobrar por no haber hecho nada, ¿verdad?
¡¡Pues de eso nada!! Voy a decirle al jefe a lo que te dedicas y...



-¡Adelante! Diselo al jefe, pero deja de darme el coñazo, anda, y tú traeme una botella de ginebra. ¡¡¿¿Ghoss?? ¿¿qué pasa con esos panchitos??!!






Curiosamente, Ghoss estaba obedeciendo al recién llegado con cara de pavor. Se giró hacia Wolx, y le susurró algo al oído.
La expresión de este cambió también hacia el miedo más absoluto, mientras se levantaba hacia la nevera a toda prisa.
Nick bostezó... Y luego sonrió.



Mientras, Kertch y Pyros corrían rumbo al puerto... No podían quedarse en aquella isla por más tiempo. Mientras bordeaban la costa, vieron al pingüino nadando a toda velocidad, vacilando a las orcas.
Kertch juraría que el animal le guiñó uno de sus ojos rojizos antes de desaparecer en el horizonte.
Cuando al fin llegaron a puerto (cosa que no les llevó mucho, puesto que apenas habían explorado la isla cuando habían tenido el desagradable encuentro con sus captores), se subieron al ferry que les llevaría a la siguiente isla, y saltaron a bordo mientras este se ponía en marcha.

Tras un rato de navegación, escondidos en la bodega, los tres llegaron a la segunda isla de la ruta a la Niebla.

Esperaron a que todos se bajasen del barco, y mientras repostaban, Kertch, Pyros e Hino aprovecharon para bajar sin ser vistos. Una vez en tierra, el peliverde se fijó en el cartel de la bienvenida a la Aldea. En él ponía:

"Bienvenidos a la Aldea espejismo, donde nada es lo que parece; y donde lo que aparenta ser, sin serlo, revela su ser."



-¿Eh? Es una forma muy extraña de atraer turistas...
¿Qué clase de promoción es esta para una isla?







-Oye... Kertch... Esto es un coñazo... Esperaba llegar a una isla tropical, llena de plantas para que el renacuajo me recomendara, pero en vez de eso... Aquí todo son edificios, cristales y espejos. Menudo coñazo de Aldea, vamonoos...





-De eso nada. El próximo ferry no sale hasta mañana... Con el que cogimos para acá hemos tenido mucha, muchísima suerte, pero ahora tenemos que descansar aquí y comer algo.
Además, los de la Liga no tardarán en aparecer, así que no nos vendría mal juntarnos con el grupo ese de turistas que se bajó del barco, para pasar desapercibidos.




-Tíoos... Esta isla me da mal rollo, es como si escondiera algo...
Y es todo tan extraño... ¡Mirad el suelo! ¡Es de cristal! ¡Qué clase de isla tiene el suelo hecho con cristal!




Kertch miró a sus pies, y se asombró al ver que Hino tenía razón. Podía ver cientos de peces moverse con la marea ahí abajo. Pero no le parecía un espectáculo siniestro, sino enormemente hermoso. Seguramente el genin estaba asustado, y por eso creía tener esos malos presentimientos.


-Tonterías, estás fumao. Y dejad ya de quejaros, que los guiris se van sin nosotros. ¡Vamos, andando!






Los tres se unieron al grupo de turistas, y entraron en la Aldea, donde un grupo de hombres con extrañas vestimentas semitransparentes les acogieron risueños.

-Qué tipejos tan raros... Menos mal que al menos llevan ropa interior. ¡Pero por qué no podían venir a saludarnos las mujeres de la Aldea!




Kertch le mandó callar, porque los turistas se habían vuelto hacia ellos con cara de odio, pero también le parecía todo muy extraño. Los indígenas se portaron de forma muy amable con ellos, les llevaron a una posada muy acogedora para que pasaran la noche, y les informaron de que al día siguiente les llevarían al monte-jaula, el único lugar de la isla que no estaba hecho de cristal ni espejo, sino que había sido construído con metal y hormigón importados.
El grupo de guiris, que parecía ser un poco subnormal, aplaudió la noticia, mientras se iban al comedor y luego a sus habitaciones, pero los tres ninjas se miraron entre ellos con cara de sorpresa.


-¿¿Monte-jaula?? ¿Pero qué coño están diciendo? ¿Nadie se da cuenta de lo sospechoso que suena eso?
Menuda panda de gilipollas...






-Mierda... Parece que no es voluntario... Según la guía, todo el que viene a la isla tiene derecho a comida y alojamiento gratuito, pero debe ir obligatoriamente a rendir tributo al dios protector de la Isla, un tal "Tomás, el loco". ¿Pero qué clase de nombre es ese para un dios?



A la mañana siguiente, después del desayundo, los tres fueron informados de que el ferry para salir de la isla salía al mediodía, y que los billetes también eran gratuitos, pero la única forma de obtenerlos era pedírselos a uno de los encargados, en lo alto del monte-jaula.

Así que, resignados, y decididos a ir con mucho cuidado, los tres acompañaron al grupo de turistas y sus guías semidesnudos hasta la cima del extraño monte metalizado.

Una vez arriba, distinguieron una gigantesca estructura con el aspecto de un búnquer hecho con hormigón, con forma de pirámide, cuya puerta estaba separada del exterior por un túnel de metal. Las paredes del túnel estaban revestidas con unos espejos muy brillantes. Según el guía, estos espejos revelavan la auténtica naturaleza de las personas.

Mientras los recorrían, Kertch se percató de que Pyros se había ido acercando cada vez más al jefe de los guías con un papel de fumar a su medida cortado, y, pasito a pasito iba babeando, cada vez más próximo a su víctima. Salió corriendo detrás de él para frenarlo y lo sujetó por los brazos, mientras sonreía con nerviosismo al resto de viajeros, que les miraban extrañados.

Hino, que iba detrás de ellos, se estaba frotando con fuerza los ojos... Al pasar frente al espejo, le había parecido ver que tanto Kertch como Pyros, eran los únicos de todo el grupo que no habían generado ningún reflejo...
Sacudiendo la cabeza, se dijo a si mismo que eso solo ocurría en las historias de vampiros, y que debía ser aún más selectivo con lo que fumaba.

La comitiva llegó a una sala enorme, donde no pudieron seguir avanzando, puesto que una hilera de barrotes les impedía el paso.
Uno de los guardas les dijo que les abriría la puerta para seguir avanzando, y que les avisarían cuando hubieran rezado al dios Tomás. Luego, les darían los billetes y podrían irse.

Antes de que nadie pudiera responder, el guarda abrió la puerta a toda velocidad y los empujó a todos dentro de la enorme jaula, con miedo en la mirada, antes de cerrar corriendo, y suspirar una vez se hubo asegurado de que los más de 40 candados estaban en su sitio y bien cerrados.


-Mierda... Nos han encerrado. Sabía que esto era una trampa, pero tiene que haber alguna manera de conseguir esos billetes.
Tal vez los guardas aún los lleven, y si rompemos esos barrotes con el fuego de Pyros y luego...







-Esto... Keeertch... Creo que tenemos un problema mucho más importante ahora mismo... Justo enfrente.





Kertch se giró con cara de mosqueo, dispuesto a pegar a Hino por romper su concentración, cuando descubrió el motivo de aquella gigantesca cárcel.
Delante de sí, tenían una criatura extraña... De aspecto humanoide, pero curiosamente encojida, en posición de guardia y con un brillo de locura en sus ojos.
Bien observado, se le habría podido tomar simplemente por un chaval de uno diecisiete años, delgado y con el pelo de punta, pero si uno miraba sus ojos, y escuchaba lo que estaba diciendo en ese momento...

La criatura había cogido a tres de los turistas, y en décimas de segundo les había hecho una serie de llaves muy dolorosas, rompiendoles las extremidades como quien rompe un palillo de dientes, y ahora estaba cogiendo a otros tres, y usándolos como sacos de boxeo mientras emitía sonidos guturales, entre los que de vez en cuando Kertch distinguía alguna frase o palabra suelta.

-¡¡Illooooooo...!! ¡¡Qué gusto joe, qué guuuusto!! ¡¡Cómo se le tronchan las costillas, pixa!! ¡¡Qué gustooo!!












Kertch, Hino y Pyros se quedaron de piedra ante el espectáculo de sangre y gritos que se estaba produciendo delante de ellos. Al cabo de unos segundos, Kertch descubrió que Pyros estaba mirando a Hino fijamente, y pensó que tal vez estaba esperando que el genin viera algo con su chinakugan... Algo en el contrario que les sirviera de pista para reducirlo, pero pasaban los segundos y nadie decía nada, mientras que Pyros cada vez miraba con más impaciencia a Hino.
Al final estalló:

-¡¡¡Bueno!!! ¡¡ES FUMABLE O QUÉ!! ¡¡ESTÁ RICO O NO, COÑOOO, QUE PARECES TONTO SIN DECIR NADA YAA!!





Kertch suspiró y volvió a mirar hacia delante, comprobando que la mitad de los turistas ya habían muerto, seguramente "como sacrificio al dios", desde el punto de vista de los aldeanos, que al parecer lo aplacaban de esta manera cada vez que venían turistas a la isla.

Pero Kertch no pensaba acabar de la misma manera, observó con mucho cuidado a su contrario, viendo como se movía y daba vueltas por toda la jaula cogiendo brazos y piernas y tronchandolos fácilmente con distinas llaves. Hasta que vió algo muy llamativo. El maníaco llevaba una especie de pin rojo en el pecho. Aunque tomás tenía el pecho semidesnudo porque él mismo se lo había ido arrancando de la emoción, no parecía importarle tener un pin clavado con él, y seguramente tendría que estar haciendole daño.

Le pareció muy extraña la idea, pero ¿y si aquél pin fuera el causante del problema? ¿y si tomás, por algún motivo, no había conseguido quitárselo?
En ese instante Kertch notó a su derecha un movimiento rápido. Al parecer Pyros se había cansado de esperar, y después de arrearle un sopapo a hino por negarse a hablar, había sacado un papel y estaba ahorra corriendo hacia el loco para enrollarlo.

Sabiendo que ahora no podría pararle, Kertch se limitó a gritar a su hermano:

-¡¡Pyros!! ¡¡Centrate en el pin que tiene en el pecho!! Está... ¡¡Está muy rico, lo ha dicho Hino cuando te has ido!!








Pyros ni siquiera se volvió para agradecer la información o asegurarse de que era cierta, simplemente siguió corriendo hasta llegar a Tomás, que en ese momento tenía los brazos ocupados en estrangular a un turista y lo enrrolló entero en su peta. Luego, una vez se aseguró de que el maníaco ya no podía moverse, sacó un kunai de su bolsa y le hizo un corte en el pecho, mientras el bicho gritaba como poseído, hasta que consiguió sacarle el pin.
Entonces lo cogió con la mano y lo metió en otro porro, que trató de fumarse, hasta que notó el sabor metálico y lo escupió con cara de asco.

-Serás hijoputaaa... Esto sabe a rayos, tioo. ¡Puaj!






Pero al escupir el pin, este fue a parar justamente al brazo de uno de los pocos turistas que quedaban vivos.
Curiosamente en cuanto le tocó, al turista, un hombre alto de mediana edad, le cambió la mirada, y un brillo asesino asomó en sus ojos mientras se disponía a atacar a Pyros.



-¡Me caguen...!





Kertch sacó la kodachi y se lanzó rápidamente sobre el hombre poseído, cortando por la mitad el pin, y sin querer, también al hombre.

Pero en cuanto el pin fue destruído, emitió un sonido extraño, un destello muy brillante y se desintegró por completo.

Kertch, Pyros e Hino se quedaron alrededor de Tomás el loco, que ahora estaba enrrollado en el papel, tratando de liberarse a mordiscos, y dedujeron que lo suyo era de nacimiento, y el pin no había tenido mucho que ver.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Los Pilares del Vicio Capítulo 3.2









Nara
Pyros






Por fin descansaron en aquel claro, pusieron sus sacos en el suelo y prepararon algo de comer. Fue para todos una velada muy agradable, los tres se pusieron a contar historias y más historias que Susan escuchaba insaciable, pidiendo una y otra, fascinada por aquella cultura, que hasta ahora no había tenido opción de ver tan de cerca. Escuchaba con gran interés las historias de los dos hermanos, pues, en la mayoría de los casos ya las había escuchado y tildado de leyendas, pero ahora, veía que en verdad ocurrieron, y estaba hablando con sus protagonistas, cosa que a veces le daba miedo, pero otras le hacía sentir afortunada.

Debían de ser ya las 4 de la mañana, cuando un grito los despertó a todos.


-¡¡¡ToOoOoma!!! ¡Aquí está!, ¡por fin lo encontré!, la intrucciones para un buen porrillo, mangadas al mismísimo petakage, sabía que las tenia por algún lado.




-¡¡Eh!! ¡¡Cómo!!, ¡déjame ver eso!





La morena empezó a mover la boca y a balbucear cosas, al cabo de un rato, consiguió clamar su emoción y decir.

-Sa... sa... ¿¿sabes lo que es esto??, esto es el sa... sagrado pergamino de vuestra aldea... se... se creía por perdido... en el se... se cuenta el secreto para hacer el porrillo de poder en su segun... gunda forma.



Rápidamente la morena le quitó el pergamino a Pyros y se puso a examinarlo con avidez, pero sin dejarse ningún detalle, examinó hasta la última letra, mancha, arruga o cualquier desperfecto. Cuando terminó, se lo devolvió a Pyros, no sin antes hacerle prometer que lo cuidaría.


-¡Entonces es verdad!, ¡los tres objetos son reales!, gracias chicos, no sabéis lo importante que es esto para mi investigación. En este pergamino viene cómo preparar el porrillo en su segunda forma, dice que dotará a su fumador de un poder ilimitado, pero solo aquel que haya fumado el porrillo en su primera forma será capaz de liarlo. Se necesitan las cenizas de algunos kages, incluidas las del petakage, también dice algo de un papel especial, con la capacidad de regenerarse con solo un pequeño cachito, desconozco dónde se encuentra y qué forma tiene, pero parece que debe de ser dorado.




-Humm, interesante... Muuuy interesante...



Dijo mientras miraba las tetas de su compañera y se rascaba la barbilla.


Estaba ya amaneciendo cuando Kertch dijo:


-Bueno, dejémonos de cháchara, llevamos mucho tiempo hablando y hay que partir, que el camino es largo y quiero llegar a la aldea del embarcadero antes de que anochezca de nuevo y así levantarnos ya mañana en alguna isla. Nos conviene desparecer por una temporada, los de la liga antidrogas nos dan por muertos, pero no creo que se queden sin investigar lo de Folgore y puede que nos sigan el rastro.


Por fin, tras una larga caminata, los cinco llegaron al embarcadero. Era un lugar desacogedor, casi deshabitado. Solitarios, fueron acercándose poco a poco al muelle.


-Bueno, llegamos. Lo mejor será dividirnos, para encontrar con más rapidez un barco con rumbo a la isla de la niebla y que acepte pasajeros. Dentro de media hora aqui para informar ¿ok?.
Chicas, será mejor que vengáis conmigo, no quiero dejaros solas con esos dos.





Tras una larga mirada de odio, Hino y Pyros, se marcharon en dirección contraria a Kertch y las dos chicas.

Ya habían pasado más de 3 cuartos de hora y Hino y Pyros no habían llegado aún, cansado de esperar, Kercth se dispuso a ir a buscarlos cuando, derrepente...


-¡¡ESE HIJO DE PUTA ME SIGUE A TODAS PARTES!!, ¡¡debe haberme colocado un localizador o algo!!, pero esta vez no me cogerá vivo ¡JA!.





Dicho esto salto al agua y se puso a nadar.
Poco después llego Pyros corriendo, bueno, en realidad el único que corría era Hino.

-Vaaamos coooorre, que se nos escapa, no pongas esa cara, tanto no peso.
¡Ah!, ¡mira!, ahí esta mi hermano, preguntémosle si le ha visto.




-¡¡Tus muertos perra!!, si quieres vas tu andando con esas patas tan bonitas.



Dijo mientras lo arrojaba al suelo, haciéndole meterse un espaldarazo. Tras mutuas miradas de odio, Pyros interrogó a su hermano, para ver que es lo que sabía de Naruto, aunque no sacó nada en claro, después, fue él el investigado por su hermano.

-¡¡¿Pero será posible?!!, ¡dije aquí en media hora, no en tres cuartos de hora!. Bueno, no pasa nada, por suerte alguien aquí si ha hecho lo que debía y he encontrado un barco, nos llevará hasta la niebla, no es muy lujoso pero es barato. Debemos embarcar ya o lo perderemos, está apunto de salir.

A las lesbianas les estaba resultando todo esto muy gracioso y no pudieron evitar sonreir.

-No sé por que me gritas, yo también he encontrado un barco y es mejor que el tuyo, tiene más lujos y no nos cobran, ¿a que sí Hino?, lo único malo es que tenemos que embarcar de noche.



-Por tu bien que sea cierto, no quiero sorpresas desagradables.





-Bueno, en tal caso nosotras nos marchamos ya, no nos gusta andar de noche, aunque ya no haya peligro de que nos ataque Folgore nos sentimos más seguras a la luz del día. Hasta otra amigos, si pasáis cerca de nuestra casa avisad ¿Vale?



-Exactamente, ya sabéis, siempre seréis bienvenidos en nuestra casa, me gustaría poder acompañaros en vuestros viajes, pero tengo que publicar todo lo que acabo de descubrir gracias a vosotros. ¡Adiooos!




Tras un par de besos en las mejillas y, después de que los dos anbus despegaran a Hino de Susan, las dos muchachas se marcharon.
Una vez las perdieron de vista, nuestros tres muchachos se dieron un paseo por los bares de la zona, haciendo tiempo hasta que anocheciera y pudieran embarcar.





Ya había pasado hace tiempo media noche, los bares habían cerrado ya todos, excepto en el que se encontraban, que, gracias a la "persuasión" de Pyros, no cerró hasta que se fueron.

-No creo que fuera necesario que te pusieras así con el pobre dueño, creo que con haberle ofrecido un poco de dinero hubiera bastado, pero bueno, no te voy a criticar, porque precisamente no es dinero lo que nos sobra. Ahora, guíanos hasta tu maravilloso barco.



Tras una caminata por los desiertos muelles, llegaron al barco en cuestión.

-Ahora debemos entrar en silencio, el capitán y la tripulación deben de estar durmiendo y no queremos que se despierten. Encima que nos van a llevar gratis no les vamos a hacer ese feo.


-¿Estás seguro de que el capitán nos deja ir gratis?, Bueno, da igual, de todos modos el otro barco ya ha zarpado, esperemos que al menos sea tan lujoso como me describiste.



Los tres saltaron silenciosamente dentro del barco y Pyros los guió a través de este hasta la bodega, donde se instalaron, en un rinconcito bastante escondido.


-¡¡¿PERO SE PUEDE SABER EN DÓNDE ESTÁ EL LUJO DE VIAJAR ESCONDIDO EN UNA BODEGA?!!




-Sssst... Más bajito que los vas a despertar... Qué poco observador eres hermano, ¿que dónde está el lujo?, mira, lee lo que pone ahí.




Dijo mientras señalaba a unas cajas dónde ponía "Cargamento de María, no abrir".


-Esta me la pagas, ¿te enteras?.




Dicho esto, y viendo que era inútil seguir discutiendo, se acostó y se durmió, al igual que sus compañeros.


Al día siguiente.

-Capitáaaaaan, hay fuego en el barcoooo, sale humo de la bodegaaaaaa.







Rápidamente un grupo de marineros, incluido el capitán bajó a la bodega.



-¡Pero será posible!, ¡hay polizones a bordo!, ¡al agua con ellos!




Los tres amigos fueron rápidamente inmovilizados y arrojados al agua.


-Taan difícil te resultaba hacerle caso a lo que ponía en las cajas, o es que... ¡¡¡NO SABES LEER "NO ABRIR"!!!






-No sé por qué me dices eso, yo no he abierto ninguna caja, solo me las fumaba, Hino me ayudó, él puede certificarlo.




-...





Tras un buen rato nadando, llegaron a la orilla de una isla cercana. Desolados por la ausencia de vida en la playa, los tres se adentraron selva adentro, ascendiendo por la ladera del volcán, intentando buscar un lugar elevado en el que orientarse.

Estaban ya en la mitad de la subida cuando derrepente oyeron a sus espaldas una voz.





-¡Pero mira quienes son!, ¡qué grata sorpresa!, por vuestra culpa nos castigaron duramente, ahora por fin podremos vengarnos y deshacer nuestro error, deberíais de estar muertos hace tiempo...










-¿Cómo imaginar que vendríais a nosotros?, qué suerte la nuestra y mala la vuestra...







Sabiendo de antemano como se las gastaban estos, los tres ninjas, comenzaron a correr rumbo a la playa, intentando pensar algún plan para escapar de la situación tan adversa en que se veían envueltos.

Los del escuadrón beta se dispusieron a seguirles cuando, de las sombras, apareció una misteriosa y terrorífica figura que les atacó.


sábado, 15 de noviembre de 2008

Los Pilares del Vicio Capítulo 3.1






Nara Kertch










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Al día siguiente, todos salieron de la Aldea llenos de energías por la comida y las horas de sueño que, por fin, habían echado en una cama.
El único al que se veía deprimido era a Pyros, que no había podido darse un festín con Naruto el día anterior. Kertch estaba contento, pero pensativo por todo lo que había pasado el día anterior.


(Humm... Ayer pasaron muchas cosas extrañas. Primero estaba aquella carta del tal Jack, aparentemente dirigida a mi fallecido padre, luego la frase que Folgore pronunció antes de inmolarse... Sobre la nueva Aldea del Peta. ¿Es posible esto? Ya hemos encontrado a varios supervivientes, así que la idea cada vez parece menos extraña...)


Kertch ya les había hablado a sus compañeros sobre la carta, pero tampoco le encontraban mucho sentido. Pyros había preguntado mucho por el tema de que la carta estuviera hecha de papel de fumar, con cara de avidez, mientras que Hino había murmurado algo sobre Jack Sporrow, el porreta más poderoso de todos los tiempos, pero todos habían coincidido en que era muy improbable que esta carta fuese de alguien tan importante.
De modo que habían seguido su marcha, esta vez sin un rumbo claro, mientras sus pasos les llevaban hacia el Este, de nuevo al País de las Olas.

Pero antes de llegar al litoral, se encontraron con una ciudad muy, muy extraña.
Mientras recorrían sus calles, Kertch se fijó en la belleza misteriosa que revestía sus edificios, oscuros pero de estructura muy moderna. Presentaba el aspecto de una ciudad del futuro, grande y poderosa, que había sido abandonada por algun motivo.

Incluso ahora, la ciudad no parecía deteriorada ni sucia... A Kertch se le antojaba hermosa y con un aire melancólico que cubría cada rincón.

Justo cuando ya empezaban a aburrirse y Pyros e Hino comenzaban a protestar y a tirar de Kertch (literalmente) para que se fueran, Hino se giró de pronto hacia un callejón en semipenumbra de una avenida principal de la ciudad fantasma. Sus ojos se iluminaron con el brillo y el color inconfundible de la Chinakugan, y salió corriendo en dirección al lugar que había despertado su atención. Evidentemente, en cuanto Pyros detectó el gesto del chico, puso una cara de felicidad tremenda y salió corriendo detrás de Hino.

El peliverde suspiró y echó a andar detrás de los otros dos, hasta que los alcanzó al fondo del callejón y se encontró con una escena harto curiosa.

Pyros estaba colgado por los pies, a varios metros del suelo, y sin embargo feliz con un porro nuevo y brillante en la comisura de los labios, lo que llevó a su hermano a pensar que el rubio había caído en una trampa. Hino, en cambio, se encontraba mirando con los ojos entrecerrados y su poder activado, a una puerta cerrada que se encontraba en la pared derecha del callejón.

Kertch recogió el peta tirado por su hermano, que ahora estaba tirado en el suelo, y después hizo un gesto a Hino para que guardase silencio. A continuación, concentró una buena cantidad de chakra en dedos, mientras susurraba unas palabras:

Técnica ninja porreta: Porro-Espada

En ese momento el porro apagado de su hermano fue endureciendose y cambiando su forma lentamente hasta transformarse en un enorme sable de un filo muy peligroso, blanco y con rayas.
Kertch lo sujetó bien con la mano derecha y se deslizó con una agilidad felina por la pared, deteniéndose justo un momento antes de llegar a la puerta. Entonces, sujetó el pomo con firmeza...

¡Y lo abrió de golpe!


-¡¡¡AAAAAaaaaahhhh!!!










La morena, que había estado apoyada hasta ese momento detrás de la puerta, cayó en el acto al suelo, y Kertch tuvo oportunidad de apuntar a su cuello con la punta de la improvisada espada.


Pero entonces otra figura pasó corriendo frente a la puerta y Kertch vio a otra figura femenina, que sujetaba con fuerza a Hino desde atrás con un brazo, mientras con la otra mano sujetaba un puñal pequeño y la apoyaba sobre el cuello del genin.

-¡¡No te muevas!! ¡Tócale un solo pelo a Susan con esa espada y le rebano el cuello a este niño! ¡Te lo estoy advirtiendo!










-¡¡Suéltame, furcia!!





Kertch valoró detenidamente la situación y decidió que la pelirroja iba muy en serio.


-Esta bien... De acuerdo, chica, supongo que estamos en la misma situación, cada uno vamos a ir dejando nuestra arma en el suelo muy despacio, y luego la apartaremos con el pie. Estoy seguro de que podemos llegar a un acuerdo, y ninguno queremos que esto acabe con una desgracia.


La joven, sorprendida por el tono tan razonable que empleó su enemigo, obedeció como hipnotizada, y fue dejando el arma lentamente en el suelo, mientras el peliverde hacía lo mismo.
Luego, ambos apartaron sus armas.

Pasado el peligro, Kertch le dio la mano a la morena, ayudandola a incorporarse, y luego fue a comprobar que Hino estaba bien. Las dos chicas se reunieron, y Kertch se volvió hacia ellas para hablar, pero la morena le interrumpió.

-Creo que hemos cometido un error con vosotros. Llevamos muchos meses huyendo de un tipo peligroso, y creíamos que se trataba de él otra vez. Lo sentimos mucho.








-Creo que todo esto ha sido un error... No pasa nada. Ahora nos presentaremos como dios manda. Mi nombre es Nara Kertch, y ese chico al que tu amiga ha atacado se llama Hino.
Ese rubio de ahí es mi hermano, Pyros, que tiene una obsesión compulsiva por fumar, algo habitual en la Aldea de la que provenimos, de hecho el chavalín también la tiene jaja.





Esta vez fue la pelirroja la que respondió, aunque su compañera también miraba al extraño trío con curiosidad.


-Es un placer conoceros, Kertch, Hino y Pyros. Yo soy Clara, y ella es Susan, pero no es mi amiga, como has dicho. Susan es mi novia.













Esta vez los tres hombres se quedaron un poco sorprendidos y decepcionados, porque las chicas no estaban nada mal, y alguno ya había empezado a interesarse bastante en ellas.
Hasta Pyros volvió la cabeza con cara de fastidio y refunfuñó un par de tacos, antes de añadir que lo bajaran de ahí de una vez, o tendría que fumarse a alguien.

-Jajajaja. Me caéis bien... Sois buena gente. Pero tengo curiosidad en saber algo... ¿Dices que en vuestra Aldea es habitual fumarse a otra gente? Eso es intrigante... Por casualidad, ¿no seréis nativos de la Aldea del Peta?






Esta vez Kertch abrió mucho los ojos, mientras miraba con desconfianza a la morena, que le devolvió la mirada con una sonrisa.



-Tu... ¿Cómo conoces la Aldea? Hace mucho tiempo que desapareció... Pyros la destruyó en un ataque de mono incontenido y se fumó todo el territorio, junto al total de su población. ¿De qué la conoces?



Antes de que la morena tuviera tiempo de responder, su compañera sentimental intervino.



-¡Oh! ¡tranquilo! Susan es una investigadora muy culta y talentosa. Ella... Ha leído mucho sobre la historia de vuestra aldea, y ha dedicado los últimos años a investigar algunas de vuestras leyendas, por eso sabe tanto.




Kertch se tranquilizó un poco, y miró con curiosidad a la investigadora, mientras recogía el porro-espada y con un rápido movimiento soltaba a Pyros de la cuerda que le sujetaba.
El rubió cayó al suelo con un duro golpe, y Kertch hizo desaparecer el efecto sobre el peta, mientras se lo guardaba.

Los cinco echaron a andar por la ciudad fantasma, mientras las chicas les contaban que aquel lugar había sido una ciudad importantísima tiempo atrás, pero una extraña epidemia había hecho que la población en su totalidad enfermara y de la noche a la mañana las personas que residían allí habían desaparecido.
Pararon en un parque para almorzar, y luego los tres viajeros relataron a sus nuevas amigas lo que habían hecho hasta entonces. Empezando por su vida en la Aldea, y lo sucedido con el Yonko, así como la destrucción de la Aldea y su posterior huida, como ninjas renegados. Susan escuchó con un interés mal disimulado todo esto, mientras los ojos le brillaban.



-Todo esto es material de primera para mi investigación, en serio... ¡¡Muchísimas gracias, chicos!!








Motivado por el interés de sus oyentes, Kertch y Pyros continuaron contando cómo habían recorrido la región hasta refugiarse en Konoha durante un largo tiempo, y luego explicaron rápidamente el fin del Hokage, y su posterior huida, perseguidos una vez más.

Cuando terminaron, Susan intervino una vez más. Había escuchado con mucho interés, pero llegado el momento de la historia en que llegaban a Konoha, había prestado menos atención, y se había quedado muy pensativa. Entonces dijo:

-Hmm... Kertch.. Y Pyros. Tengo que preguntaros algo de vital importancia. En realidad, constituye la base del que ha sido mi estudio durante todos estos años, y necesito que me respondáis con total sinceridad.
Vosotros... ¿Habéis oído hablar alguna vez de los objetos legendarios de vuestra Aldea? Mucha gente los conoce como "Los Pilares del Vicio", "Las Reliquias"... E infinidad de nombres que se les han dado, pero siempre haciendo mención a lo mismo.


Kertch, Pyros, e incluso Hino, que era el que menos tiempo había vivido en la Aldea, se miraron entre ellos con una rápida mirada de extrañeza. Aquel tema era sagrado, y a la gente de la Aldea normalmente no se les permitía hablar de ello. Solamente circulaban rumores, acerca de unos objetos legendarios, de extraordinario poder, que estaban en posesión del Petakage para defender la Aldea, y así se lo explicaron a la morena.



-Entiendo... En ese caso creo que debería compartir con vosotros lo que yo sé. Creo que como nacidos en la Aldea del Peta, tenéis derecho a saberlo. No nací allí, por lo que no comprendo vuestras necesidades ni comprendo vuestros códigos morales y éticos. por ello, no juzgaré vuestros "crímenes" y os trataré con el respeto y admiración que siempre me ha provocado vuestro pueblo.
En cuanto a las Reliquias, los documentos que he consultado decían que existen o existieron tres: La menos poderosa era conocida como EL CACHIMBORRIO, que, como su nombre indica, es una cachimba de inigualable belleza, y que encierra en su interior el poder de dotar a su portador con una invencibilidad casi total durante 4 caladas. El efecto de cada una de ellas no dura más de 5 minutos, por lo que se puede aspirar a 20 minutos, con un poder increíble. El segundo en orden de fuerza es conocido como EL PORRILLO, que es un peta dorado, también muy hermoso, y del que se han descrito dos estados de poder. El estado básico, en el que aquél que lo fume verá modificada su constitución genética, y adquirirá un poder inmenso, y una capacidad para fumar casi ilimitada, y un segundo estado, del que se tienen pocos datos. Tan solo se sabe que para emplear el porrillo se deben reunir antes una serie de materiales muy complicados de encontrar, y que se hallan repartidos a lo largo y ancho del mundo.



-Humm, interesante... Muuuy interesante...




Pyros empezó a rebuscar en su bolsa de viaje, mientras sacaba rollos de marihuana y papel de fumar de ella. Mientras, Kertch preguntó sobre el último objeto a Susan, y ella le respondió con cara de misterio.

-El más poderoso de los Pilares del Vicio se dice que es LA CHINA. Un objeto que dota a quien lo posee de la capacidad para controlar a su antojo a quienes le rodean, de uno en uno.
Es imposible desobedecer los deseos de quien tenga en su poder este objeto legendario.
Por lo demás, os puedo decir que se cree que estos objetos milenarios nacieron como resultado de muchísimas generaciones de porretas en vuestra aldea natal, que fueron impregnando de su poder las Reliquias, hasta que degeneraron en lo que supuestamente, si existieran, serían hoy en día. Y en cuanto a su paradero actual, es absolutamente desconocido, y los últimos archivos que se tienen revelaban que los tres estuvieron efectivamente en poder del Petakage, hasta que este murió atacado por Pyros. Entonces se les perdió por completo el rastro y no se ha vuelto a saber de ellos.
Mi estudio se ha concentrado en seguirles la pista todo este tiempo, y por eso estamos aquí.




-¿¿Aquí?? ¿Qué tiene que ver esta ciudad fantasma con los Pilares del Vicio?






-Pues sencillamente que, si mi teoría es cierta, las personas de esta Aldea no desaparecieron de la noche a la mañana, como dice la leyenda.
He estado investigando a fondo, y parece ser que las desapariciones fueron de forma lenta y muy progresiva. Creo que el portador de LA CHINA pudo controlar a sus ciudadanos y llevarselos fuera de la Aldea, aunque desconozco el motivo.






La morena dijo esto con tanto convencimiento, que Kertch no se atrevió a cuestionarla. Acabaron de comer y echaron a andar hacia la salida de la ciudad abandonada. Por el camino siguieron charlando amistosamente todos menos Pyros, que aún seguía rebuscando en su bolsa.
Al salir de la ciudad, Hino le preguntó a la pelirroja:



-Antes dijisteis que estabais escapando de alguien que os perseguía o algo así, ¿no?
¿De quién se trata?





-Pues... Desde hace algunos meses nos persigue un hombre muy malo. Un tan Parco Folgore, que al final siempre nos encuentra y trata de sobarnos los pechos.
Le hemos explicado cientos de veces que somos lesbianas y no queremos nada con él, ¡pero parece que no nos escucha! No hace más que bailar y avalanzarse sobre nosotras diciendo cosas como que "eso es porque no hemos probado a un macho auténtico como Paaarco Folgore!" y cosas así. Estabamos tan desesperadas que nos escondimos en esta ciudad abandonada con la esperanza de que esta vez no nos encontrase, pero cuando oimos pasos, creímos que ya estaba aquí y le preparamos esa trampa colocando un porro en el suelo y pensando que sería él quien picaría. Espero que nos perdonéis.

Los chicos les explicaron que todo había sido un malentendido, y que no pasaba nada, una vez más, hasta que se hizo de noche y los cinco acamparon en medio del campo.